Ha pasado un año…   Leave a comment

Sí, ha pasado un año desde que se publicó “Dios conmigo”, y este libro de aventuras medievales

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ha tenido un éxito que me ha animado bastante. Si alguien quiere más detalles sobre él puede ir a estas direcciones: https://diosconmigosite.wordpress.com/ o https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

Durante este tiempo me he hartado de hacer experimentos en Amazon, en donde he estado metiendo cosas, algunas de las cuales he eliminado tras comprobar que no servían para nada, mientras que otras continúan ahí, como estas…

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(pulsar aquí para ver detalles)

… y al fin, ahora, he decidido publicar una nueva novela seria, es decir, larga y contundente. Se trata de

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narración de aspecto romántico, pero cuidado, no tanto, que las cosas engañan. Crucita y yo es una novela de casi 700 págs. en la que se cuentan las andanzas y aventuras de dos hermanas que se llevan veinte años…

¿Más? Mirad aquí.

En breve va a estar disponible en Amazon (aún no la he subido, luego no tengo enlace), pero al que le interese no creo que le cueste mucho dar con ella.

 

camargorain.com

La aventura de publicar una novela   Leave a comment

Una vez escrita, y si no queremos quedarnos con ella muerta de risa en el disco duro, comienza el proceso de construcción que servirá para introducirla en el mercado. Es, como si dijéramos, la afinación de los elementos. Esto requiere tres etapas:

1 – Lectura y correcciones.

Por supuesto, el texto debe haber reposado durante una buena temporada. Publicar algo recién salido de la pluma no suele dar los mejores resultados, lo que se debe a que con el tiempo varía mucho la perspectiva que tenemos de determinadas cuestiones. De hecho sucede que lo que antes parecía blanco resulta ahora negro, y lo que en principio simulaba estar entonado, resulta que no lo está tanto y chirría

Se impone, por tanto, hacer una relectura crítica. Esta lectura es crucial, y para ello es mejor utilizar otros soportes y no leerlo donde fue escrito, pues es necesario verlo de otra manera. Si se ha hecho en un ordenador, puede trasladarse el texto a un ebook y leerlo ahí, y mientras lo haces, ir añadiendo notas (hay ebooks que permiten semejante tarea), o también imprimirlo en folios con un interlineado ancho y que permita anotar entre líneas. Aún más interesante sería que lo leyeran otras personas e ir espigando ideas de lo que ellas opinen, que sin duda lo mejorará. Si esas personas no conocen al autor, mucho mejor.

La depuración ortográfica y sintáctica debe hacerse durante la relectura y, a ser posible, ayudándose con herramientas informáticas, como el corrector ortográfico del Word, el diccionario de sinónimos o la orden búsqueda de este mismo programa. Ellas nos ayudarán a encontrar múltiples imperfecciones, como erratas, espacios sobrantes entre las palabras y a principio de párrafo, falsas tabulaciones, expresiones cíclicas y machaconas, etc.

Una novela cuyo texto está acabado (en realidad nunca está acabado, como sucede con los cuadros, en los que siempre se puede dar una pincelada más, aunque se considera acabada cuando se publica), es como una gran bola de cera. Al principio resulta muy desigual, incluso accidentada, áspera y rugosa en casi todos sus aspectos, pero si la tomamos entre las manos y le damos vueltas y más vueltas –y sobamos y sobamos–, irá inevitablemente haciéndose más uniforme, más fluida y compacta y homogénea… Esto quiere decir que nos espera un largo trabajo, pero los buenos resultados requeren precisamente de ello.

2 – Establecer la cara que presenta al público

Cuando el autor ya tiene un nombre no nos fijamos tanto en estas cosas, pero en el caso de los noveles es muy importante que tanto la portada como el título, la sinopsis (que suele venir en la contraportada del libro) y la primera página, que también es clave a este respecto, sean de primera calidad. Todos ellos son los factores que infuirán sobre el público a la hora de adquirirla.

La portada y sus elementos, ilustraciones, colores, tipos y tamaño de las letras y todo lo demás, tienen que entrar por los ojos al público, y para no defraudar al lector, es obligado en ella hacer hincapié en la atmósfera general del contenido.

Aquí debajo coloco varias de las que barajamos.

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Qué decir del título y su obligada musicalidad, una de las piezas esenciales de la comercialización…

En el caso de este libro de que hablo, el título ha sido bastante debatido. Sopesamos varios, que al final quedaron reducidos a dos: Cantar de gesta y Dios conmigo. Este último es el grito de los cruzados al entrar en batalla (lo aquí narrado sucede durante la Reconquista, pero es lo mismo), y aunque semejante expresión podría sugerir que se trata de un libro de sectas cristianas o de autoayuda, una vez que tuvimos la portada en marcha, con toda esa sangre, ese arco iris y esos pajarracos, nos pareció que no podía haber duda en cuanto al tenor del contenido.

La sinopsis y la primera página del libro –que es lo que casi todo el mundo busca a continuación–, deben estar redactadas de la forma más exquisita que se pueda conseguir, y a guisa de ejemplo, estas son las elegidas para nuestra aventura editorial.

Sinopsis

    Un personaje ficticio –Ramón el calatravo– narra su existencia entera, que se cumplió a caballo de los siglos XII y XIII. Aprendiz de cantero, agricultor, herrero, siervo, soldado, señor de la guerra y constructor de catedrales góticas, desde el cenobio que habitó en las postrimerías de su vida rememora los lances que el albur le llevó a contemplar, entre los que descuellan la batalla de Alarcos y la de la Nava de la Losa, episodios que han pasado a la historia con letras mayúsculas.

    Bereberes, traficantes, castellanos, reyes, ángeles y demonios, bailarinas y juglares, nobles y siervos, caballeros y labradores, gente de armas y de letras, dromedarios, sabuesos, simios, alanos, mulos y corceles y otros muchos animales que sería excesivo citar, componen la multitud que poblaba el mundo que le tocó vivir como uno más de los eslabones de la inextinguible cadena de la humanidad, aquella que entre cerradas nieblas persigue fantasmas para concluir con la célebres palabras que dicen, ¡vanidad de vanidades…!, todo es vanidad.

Primera página

    Yo nací en el centro del mundo, aquel lugar único en donde se cruzaban dos importantes caminos. Las gentes transitaban apresuradas por ellos, pues los tiempos iniciales de mi infancia se caracterizaron por lo difícil, rodeados como estábamos por emboscadas partidas de malhechores que venían del sur, pero en nuestra gran ciudad amurallada todos se detenían puesto que era un lugar grande y capaz, fonda de largas caravanas de animales de carga que recorrían la frontera y lugar a propósito para abrigarse de los albures y abastecerse de lo necesario antes de reanudar el largo y peligroso viaje.

     Yo vine al mundo en la ínsula del Guadiana de la que tanto se dijo, eminencia rodeada de agua por todos los lados merced a un profundo canal tallado en la roca de sus cimientos, laboriosa obra que mucho tiempo antes había sido llevada a cabo por esclavos y prisioneros, en su mayor parte cristianos, y aunque debió de ser un arduo trabajo, daba al lugar un aspecto que dejaba atónitos a quienes nos visitaban por primera vez, que nunca hubieran podido imaginar semejante ciudadela en tan áridas tierras, y si a ello sumamos la visión de la vega florecida en primavera, oasis y vergel sin par, o aun los relucientes cielos nocturnos con que nos regalaba el verano y que daban testimonio de la existencia del debatido empíreo, la ilusión era completa.

    Yo, además, nací cerca de la torre del agua, el castillo ácueo o castellum aquæ, la complicadísima maquinaria que se abastecía de las aguas del río mediante norias y cangilones sin fin […]

3 – Queda por mencionar la discusión final y los retoques, en donde aún se pueden perfilar determinados aspectos, tanto en lo que afecta al texto como a su apariencia exterior, pero esta es la fase en que nos encontramos, y de todo ello tendrán ustedes noticia en cuanto la novela esté disponible.

La vida secreta de las tierras castellanas   Leave a comment

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Castilla, en especial la Vieja, es históricamente la región más representativa de España. Los turistas prefieren el ambiente andaluz y las costas mediterráneas, y los españoles, influidos por la incansable propaganda del sistema, allá nos vamos, pero en la meseta central, lugar en donde nuestra más reciente historia comenzó alrededor del siglo x, se pinta la más limpia de las luces, lo cual se debe a las condiciones geográficas (700 m de altitud media), el extremado clima continental y la casi completa ausencia del primero de los sectores económicos (la industria).

Es Castilla región agrícola, carente de humos y aglomeraciones, reino de la soledad señalado sin duda por el dedo de los dioses (sobre esto ya sé que hay opiniones encontradas), y paraíso en donde a la vuelta de muchas esquinas se pueden hallar bares de los de antes, pormenor en absoluto desdeñable…, y es más (por añadir algún detalle), que si lo que usted desea es ver puestas de sol como las que todos llevamos en la mente –algo difícil de lograr tal y como están los tiempos–, encarámese una buena tarde a la torre del alcázar de Segovia, o, aún mejor, al pico de Almanzor, en el Sistema Central, y ya me contará.

Me voy a dejar de encomios literarios acerca de esta extensa comarca, y les convido a que lo contemplen con los ojos de la cara, que no suelen mentir. Se trata de una docena de fotos elegidas al azar (tengo muchísimas), y me parece que en ellas se advierte lo que es difícil expresar con palabras. La dirección para verlas es:

 

https://docs.google.com/presentation/d/1pIHivH87Y2URLpA-1I0ZnzD7u6d5Bd86mB-p7bmMezs/

 

 

 

Un paseo por las costas españolas   Leave a comment

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Lo que aquí se puede ver es un recorrido –bastante corto, por cierto– por algunos de los infinitos lugares de nuestras costas españolas. Sólo son trece fotos, pero como tengo muchísimas, a lo mejor otro día voy y pongo la segunda parte, y otro la tercera, o la cuarta… (etc.)

Para contemplarlo hay que ir a esta dirección:

https://docs.google.com/presentation/d/1B5CM6EygU9oI_1cSt96S9A8KYfJBGQ_rUWvEGjqX9_M/

 

El canal de Castilla visto por un caminante   Leave a comment

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Aquí se describe el recorrido que, caminando, hice durante algo más de una semana de agosto de 2014: de Alar del Rey a Paredes de Nava, y luego el tramo que va desde El Serrón hasta Palencia. Son casi doscientos kilómetros, pues a los propios del camino que va junto al canal, hay que sumar los que haces cuando te acercas a los pueblos que te van saliendo al paso, que son bastantes.

Lo que se puede ver son fotos en su mayor parte, aunque hay un mapa y alguna recomendación para quienes se sientan tentados de iniciar el camino, que, por cierto, es muy bonito, solitario (o sea, sin coches) y totalmente llano, como es de esperar si se camina junto a una vía de agua.

La dirección es esta:
https://docs.google.com/presentation/d/1eVkXZLdJBtJgcSuY00iC3YuXXBVKW_tYbiVhjAJSVqM/

 

Y como colofón acerca de este mismo asunto, también se puede ver esto:

http://youtu.be/BI7_v7TKZWI

Speedas González   Leave a comment

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Traigo hoy a estas tierras una paráfrasis (o una parodia, bueno) sobre la archiconocida canción que se llama Speedy González y se hizo famosa durante los años 60 del pasado siglo, aunque en la actualidad siga sonando en radios y otras formas de difusión. La glosa que aquí se presenta está tocada por la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros (Falla, Pancho, Ringo y Charli), a la que dan inmejorable cobertura las sobrinas de Falla, tres chavalas que son unas maestras en los coros, el teclado y las flautas. Ni que decir tiene que estamos hablando de profesionales. (Todo esto, como es lógico, son fantasías literarias.)

Bueno, pues aprovechando la grabación he montado sobre ella una película –hecha con fotos– que aceleradamente narra la vida de dos ciudadanas españolas (pero dos ciudadanas guapas, ¿eh?), y cuyo contenido (algo más de dos minutos) se puede ver haciendo clic en el siguiente enlace:

 

http://youtu.be/aelIlOCtF6U

 

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Hay otras historietas en esta dirección:

https://docs.google.com/presentation/d/1-npD7G4XqvxsSPNoKGIRTHBvHNZ1b3YisReJDrMoLFE/

 

Olla ferroviaria   Leave a comment

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La olla ferroviaria, en principio, es la que preparaban para su manduca los trabajadores que tendieron los ferrocarriles españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. Una de estas líneas, la que discurre entre Alar del Rey y Reinosa –localidades limítrofes entre los dominios del obispado de Burgos y lo que en tiempo fueron las Asturias de Santillana–, se caracteriza por lo desapacible de su meteorología, por lo que es de imaginar que allí el rancho era sustancioso.

Preparar la comida sobre el terreno conlleva arreglarse con lo que se pueda encontrar, y ¿qué se puede encontrar en invierno en tal lugar, ventoso puerto de Pozazal, gélida comarca de Valderredible y los mil y mil páramos del norte de Castilla la Vieja? Berzas, cebollas, patatas, alubias, nabos, algo de caza –en especial, lobo…–, y pare usted de contar. Si vamos a remitirnos (en la escasa medida que las posibilidades del mundo moderno nos brinda) a lo auténtico, podríamos hacer algo parecido a lo que se va a contar.

Se prepara la carne con antelación. No encontraremos lobo, por supuesto, pero podemos arreglarnos con jabalí, venado, corzo, etc., animales todos ellos que figuran en los congeladores de las grandes superficies. (Hay que tener cuidado con lo que se adquiere, pues algunos de estos animales se crían en granjas a base de pienso, por lo que el resultado final puede saber a pollo).

Se hierve la carne durante uno o dos minutos y se desecha ese agua. En la olla rápida ponemos a freír mucha cebolla; doramos la carne, añadimos el agua necesaria (también algo de vino), cerramos y la mantenemos en ella durante una hora.

Aparte se cuece una berza picada acompañada de unos trozos de tocino rancio (y chorizo y morcilla, si se desea); como el tocino aporta mucha grasa, su presencia debe ser puramente testimonial.

En un tercer cacharro se ponen a cocer alubias remojadas y añadidas con un nabo entero y algunos ajos. Cuando las alubias parecen estar tiernas (entre una hora y media y dos horas) se agregan patatas en trozos y algo de la salsa que habrá en la olla en que se ha hecho la carne (procurando deshacerse de la grasa). Se deja que se hagan las patatas durante veinte o veinticinco minutos más.

A continuación se mezclan estas tres preparaciones, añadiendo al puchero de las alubias y patatas, que debe estar holgado y con bastante líquido, la berza necesaria y la carne –en trozos, aunque no va mal deshilachar con los dedos unos cuantos– con la salsa que el guiso precise; no es necesario indicar proporciones, pues su mejor o peor textura se advierte inequívocamente cuando se está haciendo la mezcla. A continuación se le da un último hervor para que los alimentos se integren. Sal, la de las cocineras.

Como todos los cocidos, unas horas de reposo (no digamos una noche) mejoran el potaje sustancialmente.

Hay que recordar que si se guisa la carne el día anterior, y se mantiene una noche en la nevera (en su caldo), a la mañana siguiente podremos retirar con facilidad el exceso de grasa sin variar un ápice el sabor o las propiedades alimenticias.

La olla ferroviaria auténtica debería hacerse de una sola vez, es decir, con fuego de carbón (el carbón de las locomotoras), en un solo cacharro y añadiendo los ingredientes conforme a sus particulares tiempos de cocción, pero me parece que el método descrito es más acorde para las cocinas modernas.

 

 

 

Publicado 28 abril, 2015 por camargorain en Alimentos y bebidas

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Una de mujeres   Leave a comment

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Hoy voy a hablar de la Orquesta audiovisual de Villagarcía de los Caballeros, entidad emparentada con el Comité del Tigre, instituciones ambas dedicadas a la educación, en especial la musical, y las obras públicas, que, como se sabe, son fuentes de progreso.

Para ilustrarlo voy a poner un trozo de uno de mis libros (este no es más que una historieta de cincuenta páginas que se llama Dos veladas musicales, aunque pasan muchas cosas…), y como se va a ver, es también una apología de las mujeres.

 

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TEXTO:

 

Esta es la composición de la que durante muchos años fue la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros:

Falla, pianista.

Ringo, percusionista.

Pancho, guitarra.

Charli: toca el bajo, lo que no quiere decir que sepa, y aunque su principal mérito –en esto de la música– estriba en que es el hermano gemelo de Pancho, hace lo que puede y no sale mal parado; tiene buenos maestros, de todas formas.

Falla y Ringo son profesionales de las academias, los conservatorios y las orquestas, y saben latín. Pancho no tanto, pero estuvo quince años en un conservatorio y luego no ha dejado de tocar un solo día.

–¿Qué tal vamos?

–Bien. Se le ha entendido todo.

Bueno, pues así están las cosas. Estos se reúnen de tanto en cuanto (a veces cada mes y medio o dos meses) para tocar juntos, en general con motivo de los puentes, que es cuando la gente puede hacerlo…

–Ya. Está la cosa muy mecanizada.

–Pues sí, pero hay que adaptarse.

… y aprovechan para celebrar, paralelamente, jornadas gastronómicas.

–Es que es lo mejor que hay.

–Y más con un buen vino…

Todo esto sucede en una casa de un pueblo, una casa antigua pero moderna, o modernizada, pues por el lado de levante le ha brotado un apéndice a modo de cristalera, o invernadero, que talmente parece que surge de las rojizas y antiguas piedras de la fachada.

–Bueno, lo he arreglado un poco, y es el mejor cuarto en verano. Sólo le da el sol por la mañana, y tampoco de plano, que están la tapia y los árboles más allá de la huerta y siempre tapan algo, y luego queda en sombra y permanece únicamente iluminado por las luces reflejadas desde las casas lejanas.

–¡Hay que ver…!

–Desde luego, ya le digo que es el mejor cuarto de esa casa. En él se pueden hacer maravillas.

–¿De qué tipo?

–Pues maravillas universales, de las que no salen en las hojas de los periódicos dominicales sino que cada cual las lleva dentro.

–Bueno, si es así…

–Pues sí. En el cuarto de marras, que más que un cuarto es una enorme y alargada habitación, aparte de otros muebles, mesas, estanterías, etc., hay dos grupos de sofás: uno enorme y lleno de recovecos ante el ventanal desde el que, cuando está claro, se ve –aunque lejos– el pico de Almanzor(u otro cualquiera), y el otro (el otro grupo de sofás), que no es tan grande, detrás, al fondo. En lo oscuro, que dirían las niñas.

–¿Qué tal?

–¡Huy…!, me encanta. ¿Y aquí es donde tocáis?

–Sí, ya lo ves.

–¡Jo…!

La habitación tira a marrón, es de paredes ocres, mucha madera, dos niveles porque hay unos escalones…; también mucho sofá, dos grupos de ellos…, pero de esto ya se ha hablado.

Lo que se intenta contar fue lo que sucedió cuando se juntó la orquesta de Villagarcía de los Caballeros (Falla, Pancho, Ringo, Charli) con las sobrinas de Falla. Era un sábado.

 

[…]

 

Las sobrinas de Falla son tres. La mayor se llama Candelaria; tiene veintidós años, toca el piano, como su tío, y lleva desde los seis en el conservatorio. Las otras dos son gemelas –o mellizas, aunque son casi iguales– y tienen dos menos, también de conservatorio. Estas niñas, que son flautistas, se llaman Teté y Miranda.

Las sobrinas de Falla son unas chavalas guapísimas, por decirlo en plan fino, y cuando se bajaron del coche, después de un largo viaje de tres horas, salieron despendoladas y lo primero que hicieron fue dar besos a todos.

 

[…]

 

Las mellizas han dejado las flautas y cantan contorsionándose y dando palmadas mientras leen las partituras. Teté no da algunas notas bajas.

–¿Y a ti qué te pasa? –le pregunta su tío en una de las pausas.

–No sé. Será el catarro.

Aquella primera vez tocaron todo lo que se les ocurrió, Bahía, Proud Mary, Oh! Carol, Corazón loco, Pretty woman, Roberta, Runaround Sue e incluso esa que se conoce como My way; todo muy salteado.

 

[…]

 

Y esta sería buena ocasión para preguntar,

–¿Y cómo suena el rock and roll tocado con dos flautas solistas?

–Bueno…, ¡fantástico…! ¡No veas las cosas que fueron capaces de hacer con el Mary Lou…! Y a dúo, ¿eh?… Que lo diga Ringo.

–No, sí, estas saben leer… Además, a las niñas les gusta mucho.

–¿Cuál? ¿El Mary Lou?

–No. El rock and roll.

–¿Cuál…? ¿El ambientillo?

–No. El rock and roll.

–Ah, sí, eso sí; de toda la vida. ¡Se ponen como locas! Aún me acuerdo…

 

[…]

 

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MÚSICA:

 

Aquí debajo coloco un enlace, en donde, audiovisualmente, se puede ver y escuchar algo de estos asuntos a los que me he referido, una de las tocatas de la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros, que, a la postre, se ha convertido en una apología de las mujeres.

 

http://youtu.be/rxgIGobqr-w

 

 

Correría por Castilla   Leave a comment

imagen para blog 5   Lo que sigue pertenece al último de mis libros, el que se llama Correría por Castilla y detalla un viaje por los caminos de sirga, aventura en la que me metí durante el verano que ha transcurrido. Después de escribir un montón de novelas, caigo en la cuenta de que aún no he tocado el género libros de viaje, y me ha divertido hacerlo; claro, que la excursión ha valido la pena.

Del contenido, unas doscientas y pico páginas, he extraído tres que se sitúan al final, y aquí las pongo a modo de ejemplo. El protagonista protesta, pero no es para menos, pues tras diez días recorriendo campos casi deshabitados y tratando con las gentes castellanas, ¿se imaginan ustedes lo que es volver a la civilización y sus usos? Son asuntos tan dispares que me parece que en realidad refunfuña poco, que mucho más podría decir…, pero, en fin, dejémoslo así por el momento.

…   [1]

El tramo que recorro no es muy sombreado, aunque paso por una esclusa con su correspondiente y enorme fábrica de harina, esta en plena labor –a juzgar por el ruido–, pero lo que más me sorprende, sobre todo al final, es que conforme me aproximo a la ciudad comienzan a aparecer indicios de lo que llamamos civilización. Sí, porque por aquí la gente no saluda, es curioso. Me cruzo con dos o tres corredores modernos de esos que visten de colores, llevan auriculares y –lo que se deduce de su aspecto– entre col y col frecuentan los gimnasios, y ninguno dice una palabra; ni miran. Ellos, a lo suyo. ¡Qué diferencia con las personas que hasta aquí he encontrado!, porque la gente del campo de Castilla, la gente con la que me crucé en el camino, mira tú por dónde, es de lo más amable que pueda uno imaginar. Todos saludan atentamente, se interesan por lo que haces o dejas de hacer, te aconsejan lo que les parece más conveniente y, llegado el caso, te invitan a tabaco o a una caña.

–Bueno, o a una paella.

–Desde luego; o te llevan a una multitudinaria fiesta del barroco regada con champán e iluminada por un sinnúmero de velas colocadas sobre candelabros.

–Ya. Esto último ha sido el no va más. ¡Menudo colofón!

Y de esta manera, sin hacerme eco del mutismo de quienes están imbuidos por los antipáticos usos de las ciudades, con las imágenes de la fiesta de anoche bailándome ante los ojos hago caso omiso y acelero el paso. –La verdad es que una rusa bien traída te puede poner los puntos. ¡No sabéis lo que os perdéis, esclavos!

…   [2]

En las terracitas de la gran calle sólo encuentro avisos de comida basura, es el verano en la ciudad y la gente me mira con recelo porque pocas veces se ve a alguien con una mochila a cuestas por vías urbanas.

–Y menos con alpargatas.

–Pues no sé qué tendrán que decir, que esto es lo único que veo que sea genuinamente de la tierra. ¡Menudos traidores! Se han pasado al enemigo… Míralas, todas con bailarinas

En un paso de cebra se me atraviesa un gracioso que tiene mucha prisa, un calvorota de veintipocos años con camiseta negra de tirantes que va en un descapotable diminuto y hace como que no me ve, va mirando para Cuenca y a lo mejor es verdad que no me ha visto, que mucha cara de espabilado no tiene; lo más seguro es que le hayan dado el carné en una tómbola.

–Ya; hay gente pa todo.

Si uno se fía de las encuestas llega a la conclusión de que el urbanita es un ser muy fino, respetuoso (hay que tener más respeto, dicen a veces con unción los cursis), legal y superguai, y cuyas principales aficiones son la lectura de libros y las audiciones de música refinada, pero a poco que se escarbe resulta que este es un territorio de necios, de ineducados y analfabetos que repiten como cotorras las consignas que aprenden en la tele, y como ovejas se acercan a las urnas el día que les han señalado, y cuyas verdaderas aficiones, como todos sabemos, son en realidad el fútbol, el cotilleo y la pornografía, y luego se atreven a infamar, o lo intentan, las tierras libres que tienen aquí al lado, que ni siquiera conocen, en donde canta la alondra y el águila se remonta, y las hojas de los álamos, y el ruido del agua que corre, llevan a sus últimos extremos las melodías susurrantes que son las únicas que no dañan los oídos… En fin, el mundo al revés.

…   [3]

Pasa una nube.

–Pues hete aquí de nuevo. Se acabó la excursión.

–Ya… Se acabó el camino infinito pleno de lugares solitarios y misteriosos, y los pueblos de piedra, adobe y ladrillo, y las gentes sencillas y bienintencionadas y los animales del mundo casi deshabitado, las rapaces que cuando pasas alzan el vuelo desde las ramas más altas y los pajarillos que sin cesar pían y revuelven con sus continuos juegos, y las ranas que se arrojan al agua ante la presencia extraña… Y los gallos que anuncian el amanecer, y los sapos y las cigarras que cantan por la noche a la luna y las estrellas, el Triángulo del Verano y tantas otras que tardarás en volver a ver…

–Y a los planetas.

–Sí, y a los planetas, y a las estrellas fugaces que de lado a lado del firmamento trazan su rauda luz… Se acabó todo eso, aunque esperemos que lo que se avecina sea tan sólo una situación pasajera, una mínima pausa entre dos revoluciones, porque las revoluciones, lo que son las cosas…, se llevan dentro.

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También se puede ver esto

https://docs.google.com/presentation/d/1eVkXZLdJBtJgcSuY00iC3YuXXBVKW_tYbiVhjAJSVqM/

y esto otro

http://youtu.be/BI7_v7TKZWI

A propósito de los ferrocarriles   Leave a comment

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Todo aquello que se refiere a los ferrocarriles, como los trenes, las vías, las estaciones, la gente que encuentras en el camino…, son sujetos muy fotogénicos y a los que se ha sacado harta punta con esto de la fotografía. Como yo he viajado mucho en tren, sobre todo en épocas antiguas, también tengo muchas, pues es inevitable hacerlas cuando estás embarcado en uno de esos viajes que a veces se convierten en aventuras que recordarás largo tiempo. Sin embargo, que nadie piense que se trata de fotos normales, de esas de vías de tren paralelas en una estación (teleobjetivo) o cosas por el estilo, que es lo que se lleva ahora, pues, para empezar, casi todas son bastante antiguas (incluida una que hizo mi abuelo). Además, aquí se recrea la vida misma y las personas que la protagonizan, a veces veladas, sí, y otras en sazón, pero es que, si se tiene en cuenta que los ojos ven más que la cámara –esto no hay que olvidarlo nunca–, pues claro, sucede lo que sucede. En fin, y como para muestra basta un botón, la dirección es esta:

 

https://docs.google.com/presentation/d/1vg2ZmAVLNCV4saMFRs449XXyqp5fzr2iTZpWUWcX6VA/

 

Publicado 23 enero, 2015 por camargorain en Entretenimiento, fotografía

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