Ha pasado un año…   Leave a comment

Sí, ha pasado un año desde que se publicó “Dios conmigo”, y este libro de aventuras medievales

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ha tenido un éxito que me ha animado bastante. Si alguien quiere más detalles sobre él puede ir a estas direcciones: https://diosconmigosite.wordpress.com/ o https://www.amazon.es/dp/B018XOY7NU

Durante este tiempo me he hartado de hacer experimentos en Amazon, en donde he estado metiendo cosas, algunas de las cuales he eliminado tras comprobar que no servían para nada, mientras que otras continúan ahí, como estas…

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(pulsar aquí para ver detalles)

… y al fin, ahora, he decidido publicar una nueva novela seria, es decir, larga y contundente. Se trata de

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narración de aspecto romántico, pero cuidado, no tanto, que las cosas engañan. Crucita y yo es una novela de casi 700 págs. en la que se cuentan las andanzas y aventuras de dos hermanas que se llevan veinte años…

¿Más? Mirad aquí.

En breve va a estar disponible en Amazon (aún no la he subido, luego no tengo enlace), pero al que le interese no creo que le cueste mucho dar con ella.

 

camargorain.com

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La aventura de publicar una novela   Leave a comment

Una vez escrita, y si no queremos quedarnos con ella muerta de risa en el disco duro, comienza el proceso de construcción que servirá para introducirla en el mercado. Es, como si dijéramos, la afinación de los elementos. Esto requiere tres etapas:

1 – Lectura y correcciones.

Por supuesto, el texto debe haber reposado durante una buena temporada. Publicar algo recién salido de la pluma no suele dar los mejores resultados, lo que se debe a que con el tiempo varía mucho la perspectiva que tenemos de determinadas cuestiones. De hecho sucede que lo que antes parecía blanco resulta ahora negro, y lo que en principio simulaba estar entonado, resulta que no lo está tanto y chirría

Se impone, por tanto, hacer una relectura crítica. Esta lectura es crucial, y para ello es mejor utilizar otros soportes y no leerlo donde fue escrito, pues es necesario verlo de otra manera. Si se ha hecho en un ordenador, puede trasladarse el texto a un ebook y leerlo ahí, y mientras lo haces, ir añadiendo notas (hay ebooks que permiten semejante tarea), o también imprimirlo en folios con un interlineado ancho y que permita anotar entre líneas. Aún más interesante sería que lo leyeran otras personas e ir espigando ideas de lo que ellas opinen, que sin duda lo mejorará. Si esas personas no conocen al autor, mucho mejor.

La depuración ortográfica y sintáctica debe hacerse durante la relectura y, a ser posible, ayudándose con herramientas informáticas, como el corrector ortográfico del Word, el diccionario de sinónimos o la orden búsqueda de este mismo programa. Ellas nos ayudarán a encontrar múltiples imperfecciones, como erratas, espacios sobrantes entre las palabras y a principio de párrafo, falsas tabulaciones, expresiones cíclicas y machaconas, etc.

Una novela cuyo texto está acabado (en realidad nunca está acabado, como sucede con los cuadros, en los que siempre se puede dar una pincelada más, aunque se considera acabada cuando se publica), es como una gran bola de cera. Al principio resulta muy desigual, incluso accidentada, áspera y rugosa en casi todos sus aspectos, pero si la tomamos entre las manos y le damos vueltas y más vueltas –y sobamos y sobamos–, irá inevitablemente haciéndose más uniforme, más fluida y compacta y homogénea… Esto quiere decir que nos espera un largo trabajo, pero los buenos resultados requeren precisamente de ello.

2 – Establecer la cara que presenta al público

Cuando el autor ya tiene un nombre no nos fijamos tanto en estas cosas, pero en el caso de los noveles es muy importante que tanto la portada como el título, la sinopsis (que suele venir en la contraportada del libro) y la primera página, que también es clave a este respecto, sean de primera calidad. Todos ellos son los factores que infuirán sobre el público a la hora de adquirirla.

La portada y sus elementos, ilustraciones, colores, tipos y tamaño de las letras y todo lo demás, tienen que entrar por los ojos al público, y para no defraudar al lector, es obligado en ella hacer hincapié en la atmósfera general del contenido.

Aquí debajo coloco varias de las que barajamos.

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Qué decir del título y su obligada musicalidad, una de las piezas esenciales de la comercialización…

En el caso de este libro de que hablo, el título ha sido bastante debatido. Sopesamos varios, que al final quedaron reducidos a dos: Cantar de gesta y Dios conmigo. Este último es el grito de los cruzados al entrar en batalla (lo aquí narrado sucede durante la Reconquista, pero es lo mismo), y aunque semejante expresión podría sugerir que se trata de un libro de sectas cristianas o de autoayuda, una vez que tuvimos la portada en marcha, con toda esa sangre, ese arco iris y esos pajarracos, nos pareció que no podía haber duda en cuanto al tenor del contenido.

La sinopsis y la primera página del libro –que es lo que casi todo el mundo busca a continuación–, deben estar redactadas de la forma más exquisita que se pueda conseguir, y a guisa de ejemplo, estas son las elegidas para nuestra aventura editorial.

Sinopsis

    Un personaje ficticio –Ramón el calatravo– narra su existencia entera, que se cumplió a caballo de los siglos XII y XIII. Aprendiz de cantero, agricultor, herrero, siervo, soldado, señor de la guerra y constructor de catedrales góticas, desde el cenobio que habitó en las postrimerías de su vida rememora los lances que el albur le llevó a contemplar, entre los que descuellan la batalla de Alarcos y la de la Nava de la Losa, episodios que han pasado a la historia con letras mayúsculas.

    Bereberes, traficantes, castellanos, reyes, ángeles y demonios, bailarinas y juglares, nobles y siervos, caballeros y labradores, gente de armas y de letras, dromedarios, sabuesos, simios, alanos, mulos y corceles y otros muchos animales que sería excesivo citar, componen la multitud que poblaba el mundo que le tocó vivir como uno más de los eslabones de la inextinguible cadena de la humanidad, aquella que entre cerradas nieblas persigue fantasmas para concluir con la célebres palabras que dicen, ¡vanidad de vanidades…!, todo es vanidad.

Primera página

    Yo nací en el centro del mundo, aquel lugar único en donde se cruzaban dos importantes caminos. Las gentes transitaban apresuradas por ellos, pues los tiempos iniciales de mi infancia se caracterizaron por lo difícil, rodeados como estábamos por emboscadas partidas de malhechores que venían del sur, pero en nuestra gran ciudad amurallada todos se detenían puesto que era un lugar grande y capaz, fonda de largas caravanas de animales de carga que recorrían la frontera y lugar a propósito para abrigarse de los albures y abastecerse de lo necesario antes de reanudar el largo y peligroso viaje.

     Yo vine al mundo en la ínsula del Guadiana de la que tanto se dijo, eminencia rodeada de agua por todos los lados merced a un profundo canal tallado en la roca de sus cimientos, laboriosa obra que mucho tiempo antes había sido llevada a cabo por esclavos y prisioneros, en su mayor parte cristianos, y aunque debió de ser un arduo trabajo, daba al lugar un aspecto que dejaba atónitos a quienes nos visitaban por primera vez, que nunca hubieran podido imaginar semejante ciudadela en tan áridas tierras, y si a ello sumamos la visión de la vega florecida en primavera, oasis y vergel sin par, o aun los relucientes cielos nocturnos con que nos regalaba el verano y que daban testimonio de la existencia del debatido empíreo, la ilusión era completa.

    Yo, además, nací cerca de la torre del agua, el castillo ácueo o castellum aquæ, la complicadísima maquinaria que se abastecía de las aguas del río mediante norias y cangilones sin fin […]

3 – Queda por mencionar la discusión final y los retoques, en donde aún se pueden perfilar determinados aspectos, tanto en lo que afecta al texto como a su apariencia exterior, pero esta es la fase en que nos encontramos, y de todo ello tendrán ustedes noticia en cuanto la novela esté disponible.

La vida secreta de las tierras castellanas   Leave a comment

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Castilla, en especial la Vieja, es históricamente la región más representativa de España. Los turistas prefieren el ambiente andaluz y las costas mediterráneas, y los españoles, influidos por la incansable propaganda del sistema, allá nos vamos, pero en la meseta central, lugar en donde nuestra más reciente historia comenzó alrededor del siglo x, se pinta la más limpia de las luces, lo cual se debe a las condiciones geográficas (700 m de altitud media), el extremado clima continental y la casi completa ausencia del primero de los sectores económicos (la industria).

Es Castilla región agrícola, carente de humos y aglomeraciones, reino de la soledad señalado sin duda por el dedo de los dioses (sobre esto ya sé que hay opiniones encontradas), y paraíso en donde a la vuelta de muchas esquinas se pueden hallar bares de los de antes, pormenor en absoluto desdeñable…, y es más (por añadir algún detalle), que si lo que usted desea es ver puestas de sol como las que todos llevamos en la mente –algo difícil de lograr tal y como están los tiempos–, encarámese una buena tarde a la torre del alcázar de Segovia, o, aún mejor, al pico de Almanzor, en el Sistema Central, y ya me contará.

Me voy a dejar de encomios literarios acerca de esta extensa comarca, y les convido a que lo contemplen con los ojos de la cara, que no suelen mentir. Se trata de una docena de fotos elegidas al azar (tengo muchísimas), y me parece que en ellas se advierte lo que es difícil expresar con palabras. La dirección para verlas es:

 

https://docs.google.com/presentation/d/1pIHivH87Y2URLpA-1I0ZnzD7u6d5Bd86mB-p7bmMezs/

 

 

 

Un paseo por las costas españolas   Leave a comment

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Lo que aquí se puede ver es un recorrido –bastante corto, por cierto– por algunos de los infinitos lugares de nuestras costas españolas. Sólo son trece fotos, pero como tengo muchísimas, a lo mejor otro día voy y pongo la segunda parte, y otro la tercera, o la cuarta… (etc.)

Para contemplarlo hay que ir a esta dirección:

https://docs.google.com/presentation/d/1B5CM6EygU9oI_1cSt96S9A8KYfJBGQ_rUWvEGjqX9_M/

 

El canal de Castilla visto por un caminante   Leave a comment

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Aquí se describe el recorrido que, caminando, hice durante algo más de una semana de agosto de 2014: de Alar del Rey a Paredes de Nava, y luego el tramo que va desde El Serrón hasta Palencia. Son casi doscientos kilómetros, pues a los propios del camino que va junto al canal, hay que sumar los que haces cuando te acercas a los pueblos que te van saliendo al paso, que son bastantes.

Lo que se puede ver son fotos en su mayor parte, aunque hay un mapa y alguna recomendación para quienes se sientan tentados de iniciar el camino, que, por cierto, es muy bonito, solitario (o sea, sin coches) y totalmente llano, como es de esperar si se camina junto a una vía de agua.

La dirección es esta:
https://docs.google.com/presentation/d/1eVkXZLdJBtJgcSuY00iC3YuXXBVKW_tYbiVhjAJSVqM/

 

Y como colofón acerca de este mismo asunto, también se puede ver esto:

http://youtu.be/BI7_v7TKZWI

Speedas González   Leave a comment

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Traigo hoy a estas tierras una paráfrasis (o una parodia, bueno) sobre la archiconocida canción que se llama Speedy González y se hizo famosa durante los años 60 del pasado siglo, aunque en la actualidad siga sonando en radios y otras formas de difusión. La glosa que aquí se presenta está tocada por la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros (Falla, Pancho, Ringo y Charli), a la que dan inmejorable cobertura las sobrinas de Falla, tres chavalas que son unas maestras en los coros, el teclado y las flautas. Ni que decir tiene que estamos hablando de profesionales. (Todo esto, como es lógico, son fantasías literarias.)

Bueno, pues aprovechando la grabación he montado sobre ella una película –hecha con fotos– que aceleradamente narra la vida de dos ciudadanas españolas (pero dos ciudadanas guapas, ¿eh?), y cuyo contenido (algo más de dos minutos) se puede ver haciendo clic en el siguiente enlace:

 

http://youtu.be/aelIlOCtF6U

 

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Hay otras historietas en esta dirección:

https://docs.google.com/presentation/d/1-npD7G4XqvxsSPNoKGIRTHBvHNZ1b3YisReJDrMoLFE/

 

Olla ferroviaria   Leave a comment

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La olla ferroviaria, en principio, es la que preparaban para su manduca los trabajadores que tendieron los ferrocarriles españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. Una de estas líneas, la que discurre entre Alar del Rey y Reinosa –localidades limítrofes entre los dominios del obispado de Burgos y lo que en tiempo fueron las Asturias de Santillana–, se caracteriza por lo desapacible de su meteorología, por lo que es de imaginar que allí el rancho era sustancioso.

Preparar la comida sobre el terreno conlleva arreglarse con lo que se pueda encontrar, y ¿qué se puede encontrar en invierno en tal lugar, ventoso puerto de Pozazal, gélida comarca de Valderredible y los mil y mil páramos del norte de Castilla la Vieja? Berzas, cebollas, patatas, alubias, nabos, algo de caza –en especial, lobo…–, y pare usted de contar. Si vamos a remitirnos (en la escasa medida que las posibilidades del mundo moderno nos brinda) a lo auténtico, podríamos hacer algo parecido a lo que se va a contar.

Se prepara la carne con antelación. No encontraremos lobo, por supuesto, pero podemos arreglarnos con jabalí, venado, corzo, etc., animales todos ellos que figuran en los congeladores de las grandes superficies. (Hay que tener cuidado con lo que se adquiere, pues algunos de estos animales se crían en granjas a base de pienso, por lo que el resultado final puede saber a pollo).

Se hierve la carne durante uno o dos minutos y se desecha ese agua. En la olla rápida ponemos a freír mucha cebolla; doramos la carne, añadimos el agua necesaria (también algo de vino), cerramos y la mantenemos en ella durante una hora.

Aparte se cuece una berza picada acompañada de unos trozos de tocino rancio (y chorizo y morcilla, si se desea); como el tocino aporta mucha grasa, su presencia debe ser puramente testimonial.

En un tercer cacharro se ponen a cocer alubias remojadas y añadidas con un nabo entero y algunos ajos. Cuando las alubias parecen estar tiernas (entre una hora y media y dos horas) se agregan patatas en trozos y algo de la salsa que habrá en la olla en que se ha hecho la carne (procurando deshacerse de la grasa). Se deja que se hagan las patatas durante veinte o veinticinco minutos más.

A continuación se mezclan estas tres preparaciones, añadiendo al puchero de las alubias y patatas, que debe estar holgado y con bastante líquido, la berza necesaria y la carne –en trozos, aunque no va mal deshilachar con los dedos unos cuantos– con la salsa que el guiso precise; no es necesario indicar proporciones, pues su mejor o peor textura se advierte inequívocamente cuando se está haciendo la mezcla. A continuación se le da un último hervor para que los alimentos se integren. Sal, la de las cocineras.

Como todos los cocidos, unas horas de reposo (no digamos una noche) mejoran el potaje sustancialmente.

Hay que recordar que si se guisa la carne el día anterior, y se mantiene una noche en la nevera (en su caldo), a la mañana siguiente podremos retirar con facilidad el exceso de grasa sin variar un ápice el sabor o las propiedades alimenticias.

La olla ferroviaria auténtica debería hacerse de una sola vez, es decir, con fuego de carbón (el carbón de las locomotoras), en un solo cacharro y añadiendo los ingredientes conforme a sus particulares tiempos de cocción, pero me parece que el método descrito es más acorde para las cocinas modernas.

 

 

 

Publicado 28 abril, 2015 por camargorain en Alimentos y bebidas

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