Un banquete español   Leave a comment

 

UN BANQUETE ESPAÑOL

El auténtico banquete español estaría formado por los siguientes platos:
1 Gazpacho (andaluz –o moro)
2 Tortilla de patata (nacional –o moderno)
3 Paella de pescado y marisco (mediterránea –o costero)
4 Cocido (castellano –o visigodo)

Estos son los platos clásicos de la cocina española de los últimos siglos, y si a ello le añadimos un postre como
5 Bizcocho de frutas y chocolate, tenemos cubierto casi todo el espectro.

(Nota: casi todas las recetas de los platos citados están en este blog, pero si falta algo, se puede mirar aquí).

Estos son los ingredientes:
1 Gazpacho
tomate, pimiento, cebolla, ajo, pepino, aceite, vinagre, pan y sal
2 Tortilla de patatas
aceite, patata, cebolla, huevo
3 Paella de pescado y marisco
arroz, aceite, ajo, pimiento, almejas, gambas, cigalas, rape, mero, pescadilla
4 Cocido
garbanzos, vaca, cerdo, gallina, cebolla, ajo, nabo, zanahoria, repollo y patata
5 Bizcocho de frutas y chocolate
yogur, harina, aceite, azúcar, huevo, peras, fresas, chocolate

El gazpacho, el cocido, la tarta y el caldo de pescado para la paella se hacen el día anterior y se dejan reposar. El pescado, una vez cocido, se limpia de pieles y espinas y se guarda en la nevera.
El día que se vaya a comer se fríen patatas para la tortilla y se va calentando el cocido; mientras se fríen las patatas (una media hora) se hace la paella, y mientras reposa la paella se hace la tortilla; así se puede sacar todo caliente a la mesa. El cocido se sirve caldoso, no seco sino más bien como un potaje, pero cuidando de que cada plato –o cada cuenco– contenga un poco de todo, caldo, garbanzos, carne, repollo y etc.
Como son muchos platos, hay que calcular la mitad, o menos, de lo normal para cada uno, y con esto creo que está dicho lo más importante. ¡Que aproveche!

(Se podría añadir la sopa de ajo. Lo que ocurre es que sus ingredientes –ajo, pan, aceite, jamón, chorizo, huevo, etc.–, ya han sido utilizados, y sopa hay una, el gazpacho. Sin embargo, es también uno de los platos nacionales, sin la menor duda. Una alternativa sería: de entrante, dos chupitos de sopa, una fría y la otra caliente: gazpacho y sopa de ajo).

… y si usted se ha quedado con hambre y nota, después de la siesta, así como un gusanillo, nada más fácil de remediar. Abundando en la materia que nos ocupa –la historia–, puede prepararse un tentempié compuesto por un chocolatito acompañado por los inevitables churros, que pocas cosas hay más reconfortantes.

Arcángel vacilando con una paloma   Leave a comment

 

Esta escena, un tanto sorprendente, está tomada del descomunal rosetón que corona la puerta principal de la catedral de Granada. El grupo completo es una Anunciación, luego el arcángel es san Gabriel, quien al parecer –dado lo dificultoso de su cometido–, está tomando aliento para anunciar la buena nueva. Los rayos que se ven son los emitidos por el Espíritu Santo, cuya Persona (fuera del cuadro) preside el conjunto. El arcángel (obsérvense las alas) se dirige a la paloma, y de los cuatro angelotes que le acompañan, uno de ellos le está subiendo las faldas (en la esquina inferior derecha); una travesura del escultor, sin duda.

Publicado 13 febrero, 2012 por camargorain en Entretenimiento, Fotografía y películas

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Esta es una foto pintada   Leave a comment

Hace años, cuando aún no eran de uso común los ordenadores ni el photoshop, pintábamos las fotos. Te armabas de rotuladores, agua, pinceles, acuarelas, lápices de colores y otros adminículos, y te pasabas una tarde (o una noche, bueno) pintando lo que veías dentro de tu cabeza. A veces quedaban bien, las menos, y a veces fatal, pero esta clase de fotos, pese a que solían resultar bastante chapuceras, le gustaban mucho a todo el mundo, lo que siempre es de agradecer.

La que hay arriba tiene de todo, incluso línea negra para resaltar los bordes, un kalkito (el barco, y seguramente muchos recordarán lo que eran los kalkitos) y dos estrellas en el borde pintadas con un spray y una plantilla; y mucho cuidado, claro.

Publicado 17 enero, 2012 por camargorain en Fotografía y películas

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Empanadillas al horno   Leave a comment

1 – Hacer la masa
Se calientan en un cazo un vaso de agua (cuarto de litro), ocho cucharadas de aceite (o cuatro y veinticinco gr de mantequilla) y sal. Se aparta del fuego cuando empieza a hervir y se añade alrededor de medio kilo de harina. Se añade entonces un huevo, crudo, por supuesto, y con todo ello y encima de un mármol o similar, se hace una masa, y luego, con ella, una bola. Si falta harina para que no se pegue a los dedos ni a la mesa, se añade. El punto bueno, tanto para trabajar como para comérsela, es cuando ya no se pega. Se amasa la bola un rato (5 o 10 minutos), se tapa con un paño húmedo y se la deja tranquila y aparte.

2 – Hacer el relleno
Se hace un relleno, a saber: por ejemplo, una masa hecha con tomate frito o pisto, huevos duros machacados, bonito de lata escurrido o trozos de carne sobrante, o jamón de York picado, o pechuga de pollo cocida y picada, o mucho chorizo desmigado, o todo junto, etc., salen buenas; se suele hacer con sobras. Lo que hay que echar siempre es bastante salsa de tomate de la buena, de la hecha en casa.
También se puede intentar con besamel con pescado y marisco muy poco o nada cocidos, porque ya se cuece en el horno, pero esto sería otra historia.

3 – Empanadillas al horno
Alíse con el rodillo algo de masa y vaya cortando porciones circulares (con el borde de un vaso, por ejemplo), las cuales, rellenas con alguno de los rellenos que igualmente se han expuesto y cerradas volviéndolas para darles forma (se pasa un tenedor por los bordes para que queden bien cerradas), se colocan en fila en la bandeja de horno convenientemente engrasada y enharinada, y se hornean hasta que estén a punto: a 170º, cosa de veinte minutos o media hora; también se pueden freír, pero quedan peor que al horno. Las de la foto están hechas en el horno.

Publicado 28 diciembre, 2011 por camargorain en Alimentos y bebidas

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Sopa de pescado muy barata y muy buena   Leave a comment

Hacer una magnífica sopa de pescado es relativamente fácil. Ante todo hay que conseguir cabezas y espinas de pescado (una de rape y otra de merluza), un trozo de congrio de la parte cerrada (la barata) y un kilo de mejillones. Aparte se necesita: una cebolla, varios dientes de ajo, unas zanahorias, dos huevos, un poco de salsa de tomate, un puñado de arroz y media barra de pan duro.

 

En un perol de suficiente cabida (dos o más litros) se echa medio litro de agua y se colocan los mejillones (una vez limpios). Se pone al fuego, y cuando cueza se deja dos o tres minutos (los mejillones se abrirán) y se apaga. Los mejillones se apartan a un plato para que se enfríen y el caldo se cuela para quitarle la arenilla que hayan podido soltar.

Se enjuaga el cacharro y se vuelve a echar el caldo colado, y dentro se colocan las cabezas y espinas de pescado y el trozo de congrio. Se añade agua (porque medio litro será poco) que lo cubra, más o menos, y se pone el fuego fuerte; cuando hierva se baja y se tapa el cacharro. En esa agua hay que cocer también una cebolla, dos o tres ajos y una o dos zanahorias, todo pelado, entero y limpio.

Al cabo de media hora se sacan las cabezas y espinas de pescado y se apartan a un plato para que se enfríen (el trozo de congrio no: se deja que se siga haciendo). Asimismo se sacan las verduras, que ya estarán cocidas, y la cebolla y los dientes de ajo se echan en el vaso de la minipimer; las zanahorias se reservan aparte.

Con la cebolla y los ajos y un poco de caldo se hace un puré, al que se le añade algo de tomate frito, tres cucharadas. Este puré se añade al perol, y encima se echa un puñado de arroz y algo de pan duro (media barra o un poco menos) en trozos. Todo esto se deja otra media hora, y mientras cuece se añaden un par de huevos para que se hagan en el líquido (con un cuarto de hora van que se matan; después se sacan y se dejan enfriar).

Mientras tanto se limpian las cabezas y espinas de pescado, sacando toda la carne que se pueda, que suele ser bastante, carne que se reserva. Lo que quede se tira.

Al fin se saca el trozo de congrio y se deja que se temple. Este pescado se puede limpiar (es exquisito), pero hay que ser cuidadoso y quitarle escupulosamente todas las espinillas, que tiene bastantes. La carne es muy blanca y muy buena, parecida a la merluza.

Por último se añade al cacharro la carne de los pescados, los mejillones en trozos, los huevos duros picados, la zanahorias en rodajas y sal al gusto de cada cual. Tenemos entonces una sopa de pescado que es una monstruosidad (de buena, me refiero). Debe quedar algo espesa, pues el arroz y el pan ayudan…, y ya me contarán.

 

Nota 1:

Lo que digo de los pescados es a título de indicación. Cada uno puede echar lo que quiera, y hay pescados muy baratos y adecuados para ellos, como el cuco, por ejemplo, aunque recuerden que luego hay que limpiarlos para sacar toda la carne, lo que puede resultar pesado para ciertas personas.

 

Nota 2:

Dicho así parece algo complicado, pero si se ponen a ello comprobarán que es muy fácil y se puede ir haciendo todo seguido. De sobra sé que.la mayor parte de las personas no está por trabajar, y que lo que digo a muchos parecerá un rollo macabeo, pero qué quieren ustedes… El que algo quiere, algo le cuesta, y esta preparación es baratísima.

 

Para seguir leyendo cosas parecidas sobre las sopas de pescado pueden ir a esta dirección:

 

https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/sopas-y-pures

 

Publicado 15 noviembre, 2011 por camargorain en Alimentos y bebidas

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Baño al atardecer   Leave a comment

Aprovechando que ha comenzado el otoño coloco aquí esta foto (propia de la estación que declina), y aprovechando que pongo esta imagen (trucada hasta lo inverosímil), me largo uno de mis textos, que en esta ocasión es una de las múltiples escenas de el Viaje al verano. (Uno de los primeros libros que escribí, que data de 1996).

 

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Pablito clavó un clavito era un periodista del corazón más simple que un ser unidimensional y con peores ideas que un caimán del Caribe. Pablito clavó un clavito creía en la redención del género humano por los ordenadores, y tenía en la cabecera de la cama una foto del Reverendo Microondas, un broker significado. Gastaba chaqueta de cuadros y gafas de montura de titanio, y a sus escasos años ya se le adivinaba una alopecia importante. Pablito clavó un clavito paraba a veces por el establecimiento de Paco el negro, nadie sabía para qué. Cuando, una de aquellas veces, vio a Laura bailando en el bar, una noche en que por casualidad estaba allí antes de irse a acostar, primero se sobresaltó, y luego una luz, cosa rara, se encendió en su cerebro.

–(La próxima vez me traigo la cámara) –pensó, y eso fue lo que hizo.

Al día siguiente se colocó con pinzas una cámara de espía detrás de la corbata y se acercó a «El Paraíso Terrenal» a probar fortuna. Laura, aquella noche, no hizo acto de presencia porque estaba cenando en la suite amarilla con Tamara, que era una de sus preferidas, y un banquero.

Tamara, que era rubia, de un rubio pajizo, y tenía los ojos verdes, estaba como loca.

–Fíjate, ¡es como si tuviéramos una niña…! –le decía al banquero.

Éste no acababa de entender.

–Oye, pero que yo venía…

Tamara se levantaba de la silla a todo correr y le tapaba la boca con la mano.

–Para el carro, tritón…, que hay moros en la costa.

Laura, que se estaba metiendo entre pecho y espalda una perdiz a la souvaroff –rellena de foie-gras y trufas–, se divertía muchísimo con aquellas escenas.

–Otra vez, ¡házselo otra vez…!

El banquero estaba como acogotado. No había ni empezado su perdiz.

–¡Come! –le decía Laura–. Venga, ¡come…!

El banquero miraba alternativamente a Tamara y a Laura y no daba crédito a sus ojos. No entendía nada, pero nada, y Tamara se escandalizaba.

–Pero bueno, ¿es que a ti no te gustan las cosas nuevas?

(Al día siguiente, el banquero se lo contaba en el ascensor a su director general, mientras subían. «Si le digo a usted lo que me sucedió anoche…». El director general se interesó bastante. «¿Y dónde dice usted que hacen esos números?»).

Pablito clavó un clavito volvió la noche siguiente, y la siguiente, y la siguiente…, pero Laura no aparecía nunca. Los de la puerta estaban bastante moscas.

–No sé qué demonios quiere ese tipo de la chaqueta de cuadros. Se sienta ahí, en la barra…

–Déjale, será un voyeur. Mientras pague…

Al fin, una noche, Laura pasó delante de él de la mano de Vanesa, que era una negra como de dos metros y vestida de cuero de pies a cabeza. Pablito clavó un clavito se puso tan nervioso que tapó el objetivo con las manos y las pocas fotos que pudo hacer no salieron en absoluto. Sin embargo, por pura casualidad, en una de ellas se adivinaba algo, algo se veía. Luego, convencido de que iba a ganar un montón de puntos, se la llevó a su director. El director, que ya tenía sus tablas, no se creyó ni una palabra.

–¿Y dices que esta foto es de una niña que trabaja en una casa de putas? ¡Venga ya!

–Señor director, por mis muertos…

–Mira, Pablito, ¿tú quieres que me quemen el periódico?

Pablito clavó un clavito no quería descubrir sus fuentes, pero su proverbial torpeza no le dejó otra alternativa.

–Pero, señor director, si lo he visto con mis propios ojos… ¡Si es en «El Paraíso Terrenal»…! ¡Y ya he ido catorce veces!

Al oír aquello el director aguzó el oído. ¿En «El Paraíso Terrenal»? ¡Vaya! ¿Cuánto tiempo hacía que no iba por allí…? Bueno, mientras la cosa se definía, podía encargar un trabajillo acerca de aquello a Pérez. Pérez sí que…

–Y óigame, Pérez, óigame bien… ¡Mucho cuidado!, ¿eh?, mucho cuidado, que ya sabe cómo las gasta esa gente.

Pérez, que era igualito que Humphrey Bogart, sólo que más bajo y bastante más feo, chasqueó los dedos y se tocó el ala del sombrero.

–Tranquilo, hefe, usté tranquilo…

A Pablito clavó un clavito, que tenía sus contactos en la capital del reino –en la figura de un colega, que en lo calvo y lo inútil era talmente como su hermano gemelo–, y convencido como estaba de que aquel asunto era de los de pelas, le faltó tiempo para enviarle la foto y añadir una nota de cuatro líneas.

La agencia de su colega, que se dedicaba no ya a materias del corazón, sino del recto, recibió la nota y la fotografía como una más de las muchas que llegaban al cabo del día. El director, que se pasaba la vida revisando noticias que sólo tenían interés para sus autores, bramaba.

–¡A la basura, envíelo usted a la basura!

El colega de Pablito clavó un clavito, que superficialmente tenía aspecto de no haber roto un plato en toda su vida, tampoco veía nada de particular en aquella historia, y mucho menos en la fotografía. Lo que a él le gustaba eran las noticias relacionadas con el bestialismo y, si podía ser, la coprofagia, y con las fotos bien detalladas. La pederastia, ¡estaba tan pasada de moda…! Sin embargo, por hacer bulto lo acabó metiendo en la lista del teletipo.

Lo que sucedió fue que a un periódico del otro extremo del país le falló un asunto de publicidad relacionado con unas pastillas milagrosas, y para rellenar el hueco lo metieron a última hora, de mala manera y como un suelto. ¡Qué cosas tiene la vida! A la mañana siguiente, aquel periódico del otro extremo del país decía en su página duodécima: «¡Una niña trabajando en una casa de putas!», con foto y a una columna. De ahí a una revista de ámbito nacional no hubo más que cuatro días. En la revista de ámbito nacional, además, figuraba la firma: «Texto y foto: Pablo de Borja Bermúdez».

Pablito clavó un clavito, que era gilipollas al cubo y ni por lo más remoto se enteraba de lo que sucedía a su alrededor, estaba muy orgulloso de su hazaña.

–¡Sí, hombre!, es que estas cosas hay que denunciarlas…

Luego, ya más sereno, añadía,

–Esto puede ser el principio de mi carrera –y lo decía a quien quisiera oírle.

Invitó a la peña con la que solía reunirse, y todos brindaron en la barra del bar por la carrera de aquel joven periodista del corazón de provincias…

Pablito clavó un clavito, del que ya decimos que no se enteraba de nada, se encontró, al salir del bar, con que alguien le había rajado las cuatro ruedas del coche. En la puerta del conductor, a media altura, grabado con una llave, o con una navaja, podía leerse: «No duermas». A Pablito clavó un clavito le dio tal ataque de histeria que acabaron viniendo hasta los guardias, y si no llega a ser porque los rezagados del bar le echaron una mano, aquella tarde hace merienda cena en comisaría en compañía del cabo yudoka. Luego cogió el dos y desapareció.

Pérez, por su parte, apareció una mañana flotando en el río, y el caso de la niña que trabajaba en una casa de complacencia se convirtió en «El misterioso asesinato del reportero Pérez», suficiente para un periódico modesto. El director, que había vendido treinta y cinco mil ejemplares extras de una tacada, no abrió la boca, pero el subsiguiente revuelo se lo llevó todo por delante. [...]

 

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El siguiente enlace está también relacionado con el verano:

 

El verano (película de 1′ 03″)

 

Publicado 11 octubre, 2011 por camargorain en Entretenimiento, Libros

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Monstruo depredador   Leave a comment

TRUCOS DIVERSOS PARA EL ARTE LITERARIO, capítulo cuarto.

(Ejemplo de idea para escribir un cuento)

 

TÍTULO:

La señora que aparca –en segunda fila y delante del chamizo de los perritos (calientes)– un coche que pesa una tonelada.

 

CAPÍTULO PRIMERO:

Esta señora (que tampoco es tan mayor, qué va; es bastante joven) se ha dicho:

Resuelvo la cena en un periquete y sin manchar nada (en su cocina, quiere decir; nada que a ella le afecte directamente).

Bajo en el ascensor, cojo el coche, lo saco del garaje, me voy a donde los perritos, aparco en segunda fila (que allí es fácil), compro unos cuantos y me vuelvo: esta noche se cena plástico. Pago el plástico a precio de oro, hago los 500 metros de vuelta, meto el coche en el garaje, subo en el ascensor…, et voilà!

 

PRIMERA CONCLUSIÓN:

Esta señora, para resolverse la cena sin manchar nada –como ella dice–, ha contaminado más que un dinosaurio en una tarde de cacería, y a la gente le parece normal; eso es lo que más gracia tiene. Podía haber ido andando, que son sólo 500 metros, y a sus años…; incluso le hubiera sentado bien el paseo. Pero no: hay que mover una tonelada de hierros, que es la costumbre, y eso sin decir nada del menú ni del ascensor…

 

CAPÍTULO SEGUNDO:

A la mañana siguiente se levanta, observa con disgusto los desperdigados restos de la cena, los recoge, los tira a la basura, se ducha y se va a la oficina. ¡Olé!

 

SEGUNDA Y ÚLTIMA CONCLUSIÓN:

La vida de esta señora, como se puede apreciar, no tiene nada que ver con la vida perfecta del sabio que propugnaba Séneca, que todavía hay clases.

 

(Nota final: la foto representa un más que posible escenario para lo anterior.)

 

 

Publicado 29 agosto, 2011 por camargorain en Alimentos y bebidas, Entretenimiento

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